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2881. Martes, 24 mayo, 2016

 
Capítulo Dosmilésimo octingentésimo octogésimo primero: “Al que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados”. (Robert Oppenheimer, 1904-1967, físico estadounidense).

Algo le tiene que pasar. Posiblemente por aquello de ser el más pequeño y teniendo que convivir obligatoriamente con el grandullón del grupo habrá desarrollado algún trauma o complejo, pero es que no es normal que cada vez que uno anda descalzo por casa el dedo pequeño del pie saque ese instinto suicida que hace que se tire de cabeza contra cualquier esquina o canto de cualquier mueble y/o similar que se le ponga por delante. ¡Cómo duele! ¿Y quién se lleva la peor parte de esos golpes? la pobre uña del acomplejado dedo, que acaba toda negra.

Pequeña, negra y que se lleva todos los golpes… una constante.