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2887. Miércoles, 1 junio, 2016

 
Capítulo Dosmilésimo octingentésimo octogésimo séptimo: “El que no para de andar, aunque se retrase, llega”. (Teresa de Cepeda y Ahumada, 1515 – 1582; religiosa española).

Si el botón funciona correctamente y por lo tanto cierra las puertas ligeramente más rápido que el temporizador automático que lleva incorporado, parecerás un hombre que ni siquiera tiene tres segundos de tiempo para esperar y que, de hecho, no sabe lo rápido que pasan tres segundos. El acto trasmitirá una gran impaciencia.

Por el contrario, si el botón no funciona, como es el caso de la mayoría, parecerás un hombre que ni siquiera tienen tres segundos de tiempo para esperar y que, de hecho, no sabe lo rápido que pasan tres segundos y que no comprende que lo que está haciendo es ganar un pequeño, muy pequeño, pequeñísimo momento, para no hacer nada. El acto transmitirá la sensación de una enorme impotencia.

Por lo tanto, nunca, nunca, nunca, (es decir, nunca), hay que pulsar el botón de cerrar las puertas al entrar en un ascensor. Al menos si te están mirando. O subir andando, que siempre ayuda a que el culo se ponga duro.