. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

-   


  

2988. Jueves, 24 noviembre 2016

 
Capítulo Dosmilésimo noningentésimo octogésimo octavo: “Se necesita ser un hombre sabio para conseguir cosas sin trabajar”. (Charles Bukowski, 1920 - 1994; escritor estadounidense).

Está de moda tener mascotas raras (haygentepató) y ya que está de moda no sería mala cosa aprovecharlos para algo más que su compañía.

Por ejemplo, una mofeta puede (además de ser un ambientador que enmascare otros olores) hacer una buena labor de portero ante visitantes pesados. Un canguro, tan aficionados ellos a boxear, no es mala idea para mantenerse en forma. Nada para subirte la autoestima como un buen loro al que solo le enseñes a piropearte seis veces al día. ¿Se puede uno imaginar algo más caluroso que un dragón de komodo dándote besitos de bienvenida? ¿Y lo que uno se ahorraría en el abonotransporte manteniendo un avestruz o una llama?

Además, si les pones un nombre curioso (que el animalito no se va a quejar) ya tienes tema de conversación cuando lo saques a pasear. ¿Alguien se puede resistir a un cerdo vietnamita que se llame eytu o un yak de nombre el destripador? Triunfas fijo.