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3014. Martes, 17 enero, 2017

 
Capítulo Tresmilésimo decimocuarto: “Mantén las manos abiertas, y todas las arenas del desierto podrán pasar a través de ellas. Mantenlas cerradas y todo lo que podrás sentir será un poco de arena”. (Taisen Deshimaru, 1914 – 1982; filósofo japonés).

La arena, aparte de ser ese lugar en el que los gladiadores romanos se daban de leches para divertir a los patricios y el nombre de una discoteca (de esas que llaman deambiente donde otro tipo de gladiadores a veces también se ensartan unos a otros con unas lanzas que en principio no matan pero no por ello dejan de ser duras) es, básicamente piedra molida.

La arena se presenta en forma de granitos (así como muy picadita) y dos son las características que la definen: su capacidad de conducción térmica, basta andar unos minutos sobre ella para oler a bacon chamuscado, y la más importante: su recubrimiento de superglutres, elemento que se activa al contacto con el cuerpo y que una vez que reacciona con él únicamente podremos quitar con escarpia y martillo.

Al menos los granos más gordos porque los pequeños, persistentes ellos, te acompañaran (al más puro estilo sueldonescafé) el resto de tu vida escondidos en esos rincones del cuerpo que ni sabías que tenías. Un asco.