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3079. Viernes, 28 abril, 2017

 
Capítulo Tresmilésimo septuagésimo noveno: “Y es que, amigo, estar enamorado y amar no es lo mismo, ni se escribe igual” (Mario Benedetti, 1920 - 2009; escritor uruguayo).

El principal argumento es el miedo a que resulte doloroso. Es verdad que se necesita cierto cuidado y bastante exploración previa, pero que sea una zona con múltiples terminaciones nerviosas puede garantizar más intensidad. También hay quien se abstiene pensando que es sucio al ser una zona donde se eliminan desechos, sin embargo, existen mil y un métodos para que se pueda practicar de forma completamente higiénica. La religión es una razón por la que muchas parejas se niegan a practicarlo; no se trata de ser irresponsables, pero en pleno siglo XXI no hay cabida para tabúes, y si son religiosos, menos.

En las pinturas egipcias se presenta de manera recurrente. En Grecia o Roma era práctica muy común y, aunque luego llegó la moral religiosa y lo malinterpretó todo, el Marqués de Sade, Bocaccio, Petronio, Rebelais o autores más modernos como Guillaume Apollinaire o Pierre Louys lo han plasmado en sus obras siendo, además protagonista de escenas tan apañadas como las de El Último Tango en París, Pulp Fiction, El lobo de Wall Street, Las edades de Lulú o Bajos Instintos.

El griego (finamente sexoanal o sodomía), es una práctica tan antigua como la humanidad. Por eso, y por más que se empeñen en denigrarlo o encumbrarlo solo hay una razón lógica para no plantearse probarlo: que a uno no le de la real gana. Sin más.