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3095. Jueves, 25 mayo, 2017

 
Capítulo Tresmilésimo nonagésimo quinto: “Los años siguen avanzando. Y estoy segura de que sus intenciones no son buenas”. (Ava Gardner, 1922-1990, actriz estadounidense).

Desde hace más de 25 años, la Universidad de Harvard -la muy prestigiosa y tal- entrega el premio IG Nobel a los inventos y experimentos más inútiles. Entiendo que a lo largo de estos años hayan premiado a uno por haber creado extensiones protésicas que permitan al usuario moverse como una cabra y rumiar como ellas –que habrá vendido menos que una tienda de senyeras en Badajoz-, o al que desarrolló testículos artificiales para perros -con tres tallas y tres grados de firmeza-, incluso que recibiera un IG Nobel en fisiología Michael L. Smith por lograr que le picaran 25 abejas en distintas partes de su cuerpo con el fin de comprobar dónde duele menos (por si acaso: en el cráneo, la punta del dedo medio del pie y el brazo superior).

Pero no entiendo por qué le han concedido el IG Nobel de biología a Buck Weimer, flamante inventor del Under-Ease, una más que funcional ropa interior con filtros desechables capaces de eliminar el olor de las flatulencias (pedos), antes de que los demás las noten. ¿Habrá algo más práctico, útil y mejor pensado?