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3100. Jueves, 1 junio, 2017

 
Capítulo Tresmilésimo centésimo: "Cuando una de las puertas de la felicidad se nos cierra, otra se abre. Pero a menudo nos quedamos mirando tanto tiempo la puerta cerrada, que no vemos la puerta que tenemos abierta”. (Helen Keller, 1880 - 1968; escritora estadounidense).

Tener mascotas es bueno. Aparte de que por muy ridículo que sea el nombre que uno le ponga a una mascota el animalito o animalita no se va a quejar, ¿a quién no le gusta que le reciban bien al llegar a casa? Abrir la puerta y encontrase con la alegre melodía del canario, el dulce ronroneo gatuno, los lametones en la cara del grandanés o esos balidos de alegría de tu oveja preferida.

O incluso mejor, adoptar de mascota a un loro y hacer que te piropee cada vez que te vea, algo que le habrás enseñado tú, pero que nunca reconocerás a las visitas… ha sido él, de motu propio, tanto ver al dueño, normal.

Con lo único que hay que tener cuidado es si decides tener como animal de compañía un dragón de Komodo. Sobre todo si te sale cariñoso.