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3108. Martes, 13 junio, 2017

 
Capítulo Tresmilésimo centésimo octavo: “La religión es una obra maestra del arte de entrenar animales, porque entrena a la gente sobre cómo deben pensar." (Arthur Schopenhauer; 1788 – 1860; filósofo alemán).

En japonés, el número 4 se pronuncia como shi, que significa "muerte". El nueve se pronuncia como ku y se parece a kutsuu, que quiere decir "dolor". El cuatro y el dos juntos se pronuncian shi-ni, que suena igual que la expresión "prepararse para morir". Por eso en la mayoría de los hospitales japoneses no existe la habitación 42, y hay atletas que prefieren no usar esos números en sus camisetas.

Una creencia casi idéntica existe en China, donde el cuatro es el número de la mala suerte. Al parecer, su pronunciación, algo así como suh, es casi idéntica a la de la palabra "muerte". Debido a esta superstición, se evita utilizar el 4 en el código de los vuelos, en las filas de los asientos, en las matrículas de los coches y en las habitaciones de los hoteles. Además, se considera mal augurio dar un regalo conformado por cuatro piezas o partes. El opuesto a cuatro es el ocho, el número de la buena suerte. Otra vez viene a cuento la pronunciación: ocho suena a pai, un sonido presente en las palabras "enriquecimiento" y "prosperidad".

Aquí, que somos más básicos que los orientales, lo más cerca de esas cosas que tenemos es lo de en trece y martes ni te cases ni te embarques.

Lo que no hace más que reafirmar lo evidente: que ellos serán muy místicos, muy retorcidos y tal, pero que a nosotros a poetas, no nos gana nadie.