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3218. Miércoles, 20 diciembre, 2017

 
Capítulo Tresmilésimo ducentésimo decimoctavo: "No puedes escapar de la responsabilidad de mañana evadiéndola hoy". (Abraham Lincoln, 1808 - 1865; político estadounidense).

Lanavidad tienen muy buena prensa, pero lanavidad es una lata impresionante. Nos da por correr a ver a la familia, enchiquerarnos entre cuatro paredes, poner la calefacción a tope y empezar a comer como bestias. Los niños -!¿pero por qué siempre hay niños?!-, que en lanavidad parece que se multiplican como gremlins, se pasan el día entero gritando por el pasillo, haciéndole gamberradas a lo primero que pillan, estrellando cosas contra los espejos y limpiándose sus empapados hocicos de turrón en las cortinas. Luego está ese amigo de tu cuñada que viene a felicitarte laspascuas y se queda pensionado toda la semana contándote las desgracias ajenas para alegrarte el estómago a punto de estallar con el bolo alimenticio. Y todo ello con la obligación de ser feliz y de amarse los unos a los otros.

Desgraciadamente a algunos en lanavidad nos dan vacaciones, pero reconozcámoslo, no tenerlas podría ser la salvación. Sería una felicidad dejar a la familia en casa atascada de turronelalmendro y meterse uno en su trabajo a cuadrar balances, poner ladrillos o hacer reuniones. Y cuando los reyesdeoriente pasen y la cuestadeenero ponga las cosas en su sitio, volver a casa y repartir besos a todo el mundo.

Sin embargo, lo que no puede ser, no puede ser (y además es imposible), por eso, uno se va unos cuantos días renunciando, !con todo el dolor de su corazón!, a venir al trabajo hasta el 2 de enero. Una pena, lo sé, pero antes la obligación que la devoción. Hasta entonces pues.