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3356. Miércoles, 29 agosto, 2018

 
Capítulo Tresmilésimo tricentésimo quincuagésimo sexto: “De golosos y tragones están llenos los panteones”. (Refrán castellano).

Hoy, en peluchepráctico, placeres terrenales (algunos) para tocar el cielo (más cursi el título imposible, lo reconozco). Helados para el final del verano, tres ideas para comerlos de otra forma y conseguir lo que puede parecer imposible: que sepan (incluso) mejor.

Uno. Echándole una bebida "cremosa". El baileys (y no hace falta marca que el delmercadona no llega ni a 5 euros la botella) parece que está hecho para eso. Cuanto más cremoso quede, mejor sabrá. Por eso, cuanto más se eche (sin pasarse) mejor.

Dos. En un sándwich. Coger una rebanada de pan de molde, mejor cuanto más gruesa y más blanca, y poner una bola en el medio. Doblar, aplastar y comer. Placer asegurado.

Tres. Dejar que se ablande y mojar en él patatas fritas (las de sabor a huevofrito son inquietantes) . Suena raro, pero algunos (dicen) han llorado de gusto al probarlo.