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3357. Jueves, 30 agosto, 2018

 
Capítulo Tresmilésimo tricentésimo quincuagésimo séptimo: “¿Sabe alguien de dónde viene la sonrisa que revuela por los labios del niños dormido?” (Rabindranath Tagore, 1861- 1941; escritor indio).

Ni eólica, ni hidráulica, ni solar, ni nuclear, ni eléctrica, ni mecánica, ni térmica... Si se pudiese aprovechar como energía la hiperactividad de los niños –y muy especialmente la de su gritos a cualquier hora y en cualquier sitio- no solo seríamos una gran potencia energética mundial sino que hasta nos sobraría para exportar y ser más ricos que los árabes esos del petróleo.

Hay un fallo. Si la idea fuera “rentable”, los niños se multiplicarían hasta el infinito y más allá, con el riesgo de acabar en una situación desesperada, que con lo que gritan no tardaría mucho en serlo. Y no sé yo si, por mucho que todos lo pensáramos, llamar al Herodes aquel o al flautista de Hamelín iba a ser considerado políticamente correcto. Hay gente muy tiquismiquis. Mientras, ajo y agua.