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3378. Viernes, 28 septiembre, 2018

 
Capítulo Tresmilésimo tricentésimo septuagésimo octavo: "Uno siempre puede devolver un préstamo de oro, pero estará en deuda de por vida con aquellos que, cuando de verdad lo necesitas, han sido amables contigo". (Refrán castellano).

Dicen que la culpa fue de Calígula, al que le gustaba usar un postizo amarillo cuando visitaba los prostíbulos (algo que hacía constantemente) y al que, sobre todo, le gustaba jugar con el “complemento” poniéndoselo a las señoritasputas (haygentepató). Por eso las pelucas rubias se volvieron el distintivo de las meretrices romanas, algo que llevó a la Iglesia católica a prohibir (cosa que no hace nunca) su uso y negar la bendición a quienes las portaban. De hecho, el Concilio de Constantinopla excomulgó a quienes se rehusaron a quitárselas.

Vamos, que la manía de tantos viejosverdes y de otros tantos yogurines salidos por las rubias es culpa de un emperador loco y de una iglesia empeñada en prohibir el tema (que ya sabemos que pasa cuando se prohíbe algo). ¡Cómo para fiarse de su buen gusto!