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3891. Miércoles 21 abril, 2021

 
Capítulo tresmilésimo octingentésimo nonagésimo primero: “Mi pareja insiste en que use la escobilla del váter, pero voy a volver al papel, tengo el culo en carne viva”.".

Comenzaban las vacaciones. Delante el sancristobal presidiendo, detrás el perro que con su cabeza había inventado el movimiento continuo; entre ambos, colocados milimétricamente en un tetris insuperable, toda la familia y alguno más. Ni móviles, ni tablets, ni aire acondicionado… ni aire a secas. Y eso que lo más tecnológicamente avanzados contaban con una extraña correa que salía de vetetuasaber y que rozando el asfalto impedía que la abuela se mareara.

Por delante doscientos kilómetros, diez horas de viaje sentados en una flamante tapicería de sky con calor radiante disfrutando las estrechas carreteras, adornadas a los dos lados con chopos vestidos de fajas blancas, y en las que llegar a ochenta por hora marcaba la señal para que el coche empezara a desintegrarse en plan titanic aunque aquí la banda sonora de nuestra vida la pusiera perlitadehuelva y su casimejorcanciondetodoslostiempos, el precauicionamigoconductor.

Eso sí que era vivir al límite, eso sí era viajar peligrosamente. Por cierto, la abuela se mareaba siempre. Y no solo ella.

El deseo de llegar a un verano que se toca con los dedos supurando nostalgia por los cuatro costados