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668. Viernes, 16 diciembre, 2005

 
Capítulo Sexcentésimo sexagésimo octavo: "No es tolerante quien no tolera la intolerancia. (Jaime Balmes. 1810-1848, filósofo y teólogo español).

Mi relación con el tabaco ha sido siempre la de una convivencia pacifica, tolerante y de buena voluntad por ambas partes: mi padre y mi hermano fumaban y los demás nos tragábamos sin rechistar la ración de humo que nos correspondía.

Por supuesto a ninguno se nos pasó nunca por la cabeza poner en duda el derecho que tenía el cabeza de familia para fumar en su casa. Familia que fuma unida, permanece unida que decía mi primo.

Por lo tanto soy fumador a pesar de no haber fumado nunca (ni ganas de hacerlo), un dato que parece influir en que no me moleste lo más mínimo que, a pesar de los tiempos que corren, alguien encienda un cigarro a mi lado.

Aún así no acabo de encontrar lógica esa manía que les ha entrado a los fumadores diciendo que se sienten perseguidos.

Hombre, a ver, todavía que protestaran los del siglo XVII cuando el Zar de Rusia ordenó cortar la nariz a todo aquel que llevara tabaco vale; o que lo hicieran los otomanos cuando a su sultán Murad le dio por castigar a los que fumaran con la pena de muerte lo entiendo.. pero protestar por una ley que lo único que pretende es que sus cigarros se los fumen sólo ellos impidiendo a los demás poder gorronear libremente del humo de segunda mano que ellos sueltan.. me parece un poco raro.

Al fin y al cabo al precio que está el tabaco hasta tenían que agradecer propuestas de este tipo encaminadas a que sólo consuma humo aquel que lo pague. Y no como ha estado ocurriendo hasta ahora donde cualquier aprovechado que se encontrara cercano a un honrado fumador podía aprovecharse sin el menor recato de la desprendida generosidad del mismo.

Hasta el lunes.