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307. Miércoles, 31 Marzo 2004



Capítulo Tricentésimo séptimo: ¿Por qué todos los profesores se creen que la asignatura más importante es siempre la suya?



Aunque todos pensasen que con la añorada "tarjeta educativa", sólo veía porno, alguna vez, entre jadeo y jadeo, también me pasaba por el "Discovery Chanel". Allí fue dónde aprendí eso de que "la naturaleza es sabia", no es ninguna tontería.



La mayoría de las veces es esa naturaleza la que nos da soluciones a los pequeños problemas cotidianos, pero nosotros ni caso. Por ejemplo, ¿cómo destruir las miles de toneladas de basura que fabricamos cada día?.. Pues con lombrices.



Cada bicho de estos puede comerse en un día entre 100 y 200 gramos de desechos, que expulsa gentilmente en forma de abono. Echando cuentas y si organizamos tres turnos diarios de unos tres millones de lombrices cada uno, se reciclarían de una manera ecológica los 600.000 kilos de restos orgánicos que cualquier gran ciudad produce diariamente.



Otro ejemplo: los eructos de las vacas, todo un problema, Nueva Zelanda quiere cumplir el protocolo de Kioto sobre emisiones de gases de invernadero controlando los eructos de las pobres vacas. Los regüeldos de estos animales producen el 90 por ciento del gas metano que emite ese país, con lo que contribuye al calentamiento del planeta.



Los científicos han descubierto que las vacas, que producen una media de 90 kilos de metano al año, generan menos gas si comen plantas ricas en "taninos" (las que dan al vino tinto su color) Y ya puestos, si ese gas se pudiera aprovechar, 200 vacas darían el equivalente energético a 24.000 litros de gasolina.



Y es que hay que tener fe en la humanidad, dentro de nada y como las ciencias sigan avanzando de la manera que lo hacen, este chiste quedará desfasado:



Un anciano de 95 años, llega al médico para su chequeo de rutina. El doctor le pregunta como se siente.



Nunca estuve mejor - le responde -; mi novia tiene 18 años. Ahora esta embarazada y vamos a tener un hijo.



El doctor piensa por un momento y dice:



- Permítame contarle una historia: Un cazador que nunca se perdía la temporada de caza salió un día tan apurado de su casa que se confundió tomando el paraguas en vez del rifle. 'Cuando llegó al bosque, se le apareció un gran oso. El cazador levantó el paraguas, apuntó al oso y disparó. ¿A que no sabe que pasó?.



- No sé, - responde el anciano - . Ni idea.



- Pues que el oso cayo muerto frente a él, concluye el doctor



- Imposible - exclama el anciano -, alguien más tuvo que haber disparado.



- Mire..: a ese punto quería yo llegar oiga
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